Si la Virgen María pasa por la Sagrada Escritura como si de andar de puntillas se tratara, de su esposo San José apenas unas pinceladas. Tuvo una misión especialísima, sabiendo estar siempre en un segundo plano.
Hombre de profunda fe. Ante el embarazo misterioso de su mujer, con la cual aún no convivía, da crédito al mensaje de Dios: la criatura que hay en ella viene del Espíritu Santo (Mt 1,20)
La Escritura lo define como justo (Mt 1,19) y es lo que le lleva a no querer poner a María en evidencia, pues aunque aún no comprende lo que se la he venido encima, está convencido de la virtud de María.
¡Qué gran hombre fue José!
Hombre de fe, silencio, espera, anti-protagonismo,, trabajador, padre, esposo... un gran referente para toda época, cuánto más para la nuestra donde los verdaderos valores están a la baja en una gran parte de seres humanos con el consiguiente sufrimiento que ello reporta.
¡Ojalá despertemos del sueño de la mediocridad en la que se encuentran instalados no pocos corazones!




